5
May
2015
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¿Por qué no baja la gasolina? [Animal Político]

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Si el precio internacional del petróleo ha caído más de la mitad en los últimos doce meses, ¿cómo entonces la gasolina en México es incluso más cara que en 2014?

En diversos foros el presidente Enrique Peña Nieto ha reiterado que “gracias a la reforma energética, los precios de la gasolina no han subido”. Esta afirmación no deja de sorprendernos. Intuimos que el mensaje es engañoso, pero no sabemos por qué. Lo único que entendemos es que si el precio internacional del petróleo ha caído más de la mitad en los últimos doce meses, ¿cómo entonces la gasolina en México es incluso más cara que en 2014?

A pesar de que el aspecto técnico es sofisticado, la simple lógica nos ayuda a comprenderlo. El punto de partida es el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios [IEPS] y el Impuesto al Valor Agregado [IVA], que de manera conjunta inciden directamente en el precio de la gasolina de la siguiente manera:

  • $ 36 centavos y $ 43.92 centavos por litro de Magna y Premium, respectivamente.
  • $ 10.38 centavos por cada litro, con independencia de su calidad.
  • Un monto equivalente a la diferencia entre el precio internacional del petróleo y el de la gasolina en México. Así, el IEPS es un mecanismo dinámico que ‘amortigua’ las caídas en el precio del petróleo y ajusta al alza el precio de la gasolina para mantenerlo siempre al mismo nivel. Esto permite anticipar que éste se mantendrá inalterado en el 2015.

Un ejemplo ilustra lo anterior: en México, la gasolina Premium cuesta $14 pesos. Si el precio internacional del petróleo representara $12 pesos del mismo litro, el IEPS sería de $2 pesos, caso en el cual ambos conceptos sumarían $14 pesos. Sin embargo, como en la actualidad el precio del petróleo es mucho menor -supongamos que representa $4 pesos del litro de gasolina-, entonces el IEPS asciende a $10 pesos (de nuevo la suma es de $14 pesos). Este impuesto de $10 pesos evita que el precio baje a la par de las variaciones en las cotizaciones mundiales del petróleo.

  • Al conjunto de las tres partidas anteriores de IEPS se agrega el 16% de IVA, que también pagamos al comprar la gasolina en las estaciones de servicio.

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Se afirma que la justificación constitucional del IEPS radica en su finalidad extrafiscal, que es inhibir el consumo de gasolina en aras de disminuir los índices de contaminación ambiental. Esto que en principio es correcto, se cuestiona por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos [OCDE], para quien la experiencia internacional demuestra que los impuestos ambientales se establecen con fines exclusivamente recaudatorios, sobre todo cuando recaen sobre bienes y servicios cuya demanda es inelástica, es decir, aquellos en los que las alzas de precios no afectan el interés ni la decisión del consumidor final para adquirirlos.

En México no hay duda de que el IEPS sobre las gasolinas tiene una finalidad recaudatoria. En el primer trimestre de 2015, los ingresos del gobierno federal por ese concepto rondaron los $61 mil millones de pesos, equivalentes a casi el doble del IEPS sobre cigarros, bebidas alcohólicas y alimentos chatarra, y al 16% de ISR y 35% de IVA en el mismo período. Esa recaudación es hoy un puntal de las finanzas públicas, que mitiga la caída del 42.6% de los ingresos petroleros.

Dado lo anterior, en el futuro cercano resultará inviable que el impuesto se reduzca y que, por lo tanto, el precio de la gasolina baje. Esta realidad no sólo afectará a los automovilistas, sino también a todos los consumidores de bienes y servicios básicos en cuyo costo de producción influye ese precio y que son consumo masivo por gran parte de la población (electricidad y transporte público, por ejemplo).

Hasta hace pocos meses la recaudación del IEPS era ‘negativa’, es decir, que la gasolina estaba subsidiada. Esto obedecía a que como el precio internacional del petróleo era superior al precio de la gasolina en México, el efecto dinámico del impuesto ‘amortiguaba’ a la baja esa diferencia, reduciendo con ello de manera artificiosa el precio al consumidor final. El resultado era que el gobierno perdía dinero al vender gasolina, lo cual al ciudadano común resulta inverosímil en un país líder en la producción mundial de petróleo.

Ahora el subsidio ha desaparecido y las finanzas públicas se oxigenan con el IEPS. Es una realidad que subsistirá al menos en el corto y mediano plazos. A pesar de ello, los actuales precios de la gasolina los percibimos como injustificados, y nos molestan. No aceptamos cómo es que en México no se refleja la baja del precio internacional del petróleo, lo cual justificadamente o no atribuimos a la histórica ineficiencia y la rampante corrupción en el sector petrolero.

Como se ve, el mensaje del presidente Peña Nieto está trucado, es engañoso. A la reforma energética de diciembre de 2013 nada tenemos que agradecer, al menos en estos momentos. El enfoque correcto no es si los precios de la gasolina no han subido, sino que los mismos no han bajado debido a que el IEPS que pagamos es ahora más alto que el año pasado.

Ya veremos lo que sucederá cuando la competencia extranjera incursione en México.

@LuisPerezdeAcha

Fuente.

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